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Al fin, cambia el tiempo

Después del equinoccio de otoño el 22 de septiembre, todo seguía igual de caluroso en estas tierras del oriente cubano. El calor sofocante por las altas temperaturas y el sol abrazador atestiguaban a este año como más cálido que los anteriores, con temperaturas máximas promedio de 34-35 grados Celsius.
Hubo que esperar un mes después para que avanzado octubre se anunciara por fin un tímido primer frente frío. No era nada o casi nada, pero al menos se veía la posibilidad de que aflojara aunque fuera un poco el verano tan fuerte que sentimos.
Algunos nublados y lluvias esporádicas resultaron un alivio, sobre todo en horas nocturnas.
Llegamos a la época del año en que los días son más cortos y las noches más largas, con lo que se restablece en el país el horario normal a partir de este domingo 25 de octubre, para bien de los que incluso por indicación médica debemos cuidarnos de los rayos solares.
Ahora por delante nos espera el fin de año y la esperanza de sacar del armario la ropa invernal que solo en contadas ocasiones es posible usar, en esta tierra calurosa y sedienta de lluvia .
MEMORIAS DEL HURACAN IKE

Imposible borrar de la memoria el amanecer del 8 de septiembre del 2008 cuando el huracán Ike pasó sobre la provincia de Las Tunas con su fuerza demoledora.
Aunque la temporada ciclónica era muy activa y ya Gustav había causado serios estragos en la Isla y Pinar del Rio, aquel fin de semana no presagiaba la tragedia que se avecinaba. Más bien estaba anunciado para ese domingo el carnaval infantil, una semana antes de los festejos populares para los cuales ya estaban montados numerosos kioscos y otros preparativos en la ciudad.
Pero el sábado a partir del mediodía todo fue cambiando vertiginosamente. El peligroso huracán Ike amenazaba las provincias orientales. El Consejo de Defensa y la Defensa Civil movilizaron de inmediato sus dispositivos ; trasladaron a los estudiante internos a sus casas, acondicionaron más de 300 centros de evacuación , transportaron las personas residentes en zonas de riesgos de inundaciones y derrumbes y llevaron al ganado a lugares seguros. En los barrios era febril el ajetreo. Solo se sentía el claveteo de las ventanas y el ir y venir en busca de provisiones.
El director del Instituto de Meteorología José Rubiera, dijo en el noticiero estelar de la televisión, cuando aun estaba conectada la electricidad, que los que vivíamos en esta zona del norte oriental de Cuba no teníamos idea del fenómeno que venia, porque nunca había pasado por aquí un huracán de esa magnitud.
Cuando penetró por Punta Lucrecia, en la provincia de Holguín, a las nueve de la noche del domingo, tenia vientos de más 155 kilómetros por hora y fuerza dos en la escala Saffir Simpson.
Cerca de la medianoche comenzamos a sentir como arreciaban los vientos.
En nuestra casa, una biplanta con bastante fortaleza, primero se sintieron las ráfagas poco después de las 10 de la noche y luego vientos sostenidos con una fuerza de más de cien kilómetros.
Las ventanas y puertas parecían no resistir, a Eric se le ocurrió en un momento usar su cuerpo como puntal para sostener la ventana y la puerta del frente que amenazaban con volar por los aires.
En medio de la oscuridad y de aquel ruido ensordecedor de los vientos y la lluvia solo quedaba rogar y esperar.
Cuando se anuncia un huracán, todos los preparativos deben hacerse con tiempo: asegurar techos, ventanas, puertas, objetos que pueden volar, como las planchas de cinc y las tapas de tanques. Después ya no hay nada que hacer. Aquella noche fue la más larga que yo recuerde; los vientos a veces giraban desde el sur al norte, y en medio de la vigilia el único incentivo era las llamadas telefónicas que afortunadamente podíamos hacernos entre familiares y amigos.
Las emisoras de radio se mantuvieron trasmitiendo toda la noche con sus grupos electrógenos, para quienes tenían sus receptores con las baterías activadas.
Cerca de las seis de las mañana decidimos acostarnos y descansar un rato. A aquella hora, aunque todavía se sentían las ráfagas intermitentes, ya el meteoro estaba sobre Camagüey.
Cuando comenzó a aclarar el día y la gente se decidió a salir de sus casas, el paisaje era desolador. Las hojas de los arboles arrancadas y curiosamente trituradas por los vientos formaban un manto sobre la calle junto con otros objetos llegados de cualquier lugar. Los tendidos telefónico y eléctrico tejían una maraña junto a los troncos, ramas y arboles enteros arrancados de raíz, obstaculizando el tránsito por la ciudad, miles de casas sin techo o derrumbadas completaban el panorama.
Sin electricidad, con el día nublado y la humedad reinante, aquel 8 de septiembre de 2008 amanecía en medio del desastre. Si en pocas horas el huracán impuso su fuerza destructora, en lo adelante el paso a la recuperación seria duro y laborioso, pero no quedaba más que poner manos a la obra.
AL RESCATE DE LA PALMA REAL

Devolver al paisaje el sello distintivo de cubanía que los vientos de los huracanes de la temporada del 2008 nos arrancaron, es no solo una acción de reforestación en bien de la naturaleza, sino a favor del rescate de nuestra identidad y valores culturales.
De modo específico hablamos de la palma real, fuertemente golpeada hasta una cifra de 4 MIL 843 que fueron derribadas, dejando en algunas zonas una triste imagen de desolación.
Porque la palma real aporta una indiscutible y singular belleza al paisaje.
Se considera el árbol nacional de Cuba, con su estampa y esbeltez, que aparecen grabados en nuestro escudo como símbolo de
la hermosura de nuestros campos.
Lograr una palma en toda su magnitud y esplendor demora entre 18 a 20 años, pero vale la pena no solo por sus aportes al paisaje, sino también por sus valores económicos con su aporte de palmiche para los animales, pencas para techos, yagua para las pacas
del tabaco, y flores que las abejas utilizan en producir miel, además de sus múltiples usos en la artesanía popular.
Pero más que la nostalgia por que se perdió, vale el espíritu emprendedor de los trabajadores forestales.
Es así que este año se prevé la siembra de unas 80 mil palmas reales en diversas zonas de la provincia de Las Tunas, para lo cual se crean las condiciones con la siembra en viveros, a fin de tener listas las posturas a partir de junio, y realizar las plantaciones con la llegada de las lluvias.
Ello requiere disciplina tecnológica y acción sostenida en el fomento de esta especie; y sembrarlas en los lugares más convenientes para que sigan aportando ese indiscutible sello de cubanía e identidad al paisaje de nuestros campos.

El cambio climático nos convoca
Para los que habitamos en la provincia de Las Tunas las evidencias del cambio climático en este territorio son tan evidentes que en estos momentos de una u otra forma todos recibimos , aunque sea de soslayo una señal inequívoca.
Lo más conocido e impactante fue la furia con que se ensañaron dos huracanes en la temporada 2008 por un territorio que solo tangencialmente veía pasar por la costa sur o la norte estos fenómenos atmosféricos.
A partir de entonces las consecuencias son NO solo las apreciamos en estos momentos, sino que resultan perdurables por los daños a las viviendas y muchas otras edificaciones que requerirán tiempo en su restauración.
Para verificarlo basta con viajar por los municipios de Puerto Padre y Jesús Menéndez y solo contemplar los techos desvencijados de los centrales azucareros, todo un símbolo de la economía en esas zonas durante décadas.
Los efectos son notables también a la flora, a la fauna y a los suelos.
Las carencias de productos agropecuarios por las afectaciones a las cosechas, que se refleja en el día a día de los mercados agropecuarios a la espera de tiempos mejores, constituyen ejemplo de esos impactos negativos del clima.
En lo referido a la floresta no deben desdeñarse las enseñanzas que es preciso tener en cuenta por los que ejecutan los planes de reforestación o deciden sobre las plantaciones de árboles incluso en la jardinería.
Se trata del hecho que los estragos estuvieron centrados en árboles exóticos, procedentes por ejemplo de un clima continental, nada apropiados para las condiciones de los vientos insulares y para un área geográfica azotada por frecuentes huracanes.
Las lecciones están ahí y vale la pena que no las olvidemos.
Para ello se realizan en la provincia estudios de riesgos y vulnerabilidad ante las lluvias, los vientos y las penetraciones del mar previstos para concluirse en el 2009 y junto a ellos planes de gestión, que deben ejecutarse con disciplina tecnológica, voluntad política y la constancia, en la protección de las zonas costeras, los asentamientos humanos, la fauna y los recursos forestales y agrícolas.
Porque la preparación paras eventos meteorológicos intensos que estén por venir será la clave no solo para adaptarnos a estos cambios del clima, sino también para mitigar sus daños en las personas, la infraestructura, y la economía.

Granada y Cuba:
Solidaridad caribeña
Granada luce hoy espléndida con sus techos de colores verdes, rojos, azules en las edificaciones restauradas. Toda una policromía de animación y alegría. Pero en el año 2004 cuando el huracán Iván pasó sobre la llamada isla de la especies, el panorama era desolador.
Las viviendas y las plantaciones agrícolas quedaron en estado ruinoso. Las líneas de la electricidad y los teléfonos totalmente destruidas. Sin embargo con la voluntad y el trabajo de habitantes del bello lugar la imagen ha cambiado.
Ahora un noble gesto de solidaridad ofrece en la provincia de Las Tunas un grupo de trabajadores de los servicios eléctricos de Grenada, en la restauración de las líneas dañadas por el huracán Ike que el 8 de septiembre dejó cuantiosos daños en este territorio oriental.
La brigada, integrada por seis trabajadores, realiza labores de colocación de nuevos aisladores y líneas en la carretera de La Herradura a La Llanita, zona fuertemente golpeada por los vientos del meteoro en la costa norte, donde se sustituyen los conductores de 13 mil Kv por otros de 33 mil, lo que contribuirá a mejorar el servicio.
Para los integrantes del equipo, se trata de un acto reciproco en respuesta al apoyo que dieron diez brigadas de la Unión Eléctrica y de la Empresa de Telecomunicaciones cuando en el año 2004 contribuyeron a restaurar el tendido eléctrico y telefónico luego de la devastación que sufrió la isla caribeña con el huracán Iván.
El ingeniero Nolam Peters, dice que aunque ha venido una sola brigada, desean expresar así la hermandad que existen entre granadinos y cubanos.
Ellos han recibido en Las Tunas y cariño y reconocimiento no solo del pueblo, sino también de las autoridades de la provincia.
Peters, quien se graduó como ingeniero eléctrico en la Universidad de Oriente en el 2004 y confiesa que resulta un placer volver a esta tierra donde además de la profesión aprendió el idioma español.
El grupo de trabajadores se encuentra en la provincia desde el 26 de octubre y ha dedicado intensas jornadas como contribución a las reparaciones y dejar así una muestra más de solidaridad y amistad entre los pueblos de Grenada y Cuba.

Rumbo al litoral
A unos 60 kilómetros de la oriental ciudad cubana de Las Tunas, se ubica el Monte Cabaniguán, de singular belleza y gran variedad de la flora y la fauna.
Las lluvias de estos meses han vuelto intransitables los caminos desde Jobabo, pero penetrar en la zona donde radica el mayor refugio de fauna del cocodrilo americano o acutus, resulta verdaderamente fascinante.
En la sabana abundan las copernicias o palmeras y más allá en el estero, en los manglares y en el monte se hospedan iguanas, cateyes, pájaros carpinteros, cocos, sevillas, garzas, pelícanos, torcazas, flamencos y todo un concierto de pequeños animales, desde cangrejos hasta lagartijas, que disfrutan el festín de la vida silvestre alejada de los depredadores.
A principio de los años 90 del pasado siglo Manuel Alonso Tabet, especialista principal, trabajaba con unos doce hombres.
Hoy su equipo de colaboradores es de apenas tres, encargados de manejar la fauna. “Todólogos” prefiere llamarlos, porque realizan todo lo necesario con alegría, en un medio agreste que solo es posible enfrentar en colectivo y con el corazón.
Es un trabajo duro, sin embargo Manuel considera que tienen el privilegio de recibir un salario por divertirse, en el contacto directo con los animales, aunque está consciente de que solo a quien le guste ese modo de vida puede soportar el aislamiento, los mosquitos y otros riesgos.
Hay que tener “cocodrilo en sangre”, dice Manuel, porque el mayor desafío es el manejo de esos reptiles, cuya población se ha ido recuperando hasta mantenerse estable.
Fascinante es el viaje en una lancha con motor fuera de borda por el canal a través del estero colmado de manglares.
En las aguas tranquilas de mueven los peces, mientras en las ramas de los árboles se aprecian a simple vista las iguanas que esconden la cabeza con disimulo.
Un verdadero bálsamo para el espíritu es deslizarse por las aguas interiores del estero hasta la salida al golfo de Guacanayabo, donde radica la estación biológica Don Miguel Álvarez del Toro, dotada del equipamiento imprescindible para la observación y estudio de las diferentes especies que habitan en el refugio de fauna del Monte Cabaniguán.
Los atardeceres en el litoral combinan los claroscuros; las luces y las sombras en un sitio de privilegio, pero cuando comienza a caer la noche y todo está en aparente quietud, alrededor de la cabaña donde pernoctamos en la estación biológica, incontables animales de hábitos nocturnos se mueven alrededor.
Y unos ojillos brillantes a la luz del rayo de una linterna nos anuncian la presencia en el agua del mar del rey del humedal, el cocodrilo acutus, un reptil que ha logrado sobrevivir a siglos de depredación del hombre y que hoy constituye una de las más preciadas riquezas de la fauna silvestre en el sur de Las Tunas.
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Temporada ciclónica y la esperanza de lluvias
Con la llegada de junio se inicia para toda el área del Caribe la temporada ciclónica, que se extiende hasta el 30 de noviembre,en medio de la expectativa de cuál será el comportamiento de estos fenómenos meteorológicos en Cuba y particularmente para nuestra provincia de Las Tunas.Si bien los huracanes pueden dejar, según su intensidad, una estela de destrucción, también despierta la esperanza de aporten lluvias y con ello alivien la fuerte sequía que nos afecta.
Para los expertos del clima, la temporada de este año se prevé muy activa con un pronóstico de entre nueve y trece tormentas tropicales, cifras por encima de la media histórica y de ellos al menos uno debe afectar a nuestro país.
Es conocida la eficiencia probada de los órganos de la Defensa Civil de nuestro país en la protección de la población y los recursos materiales ante estos fenómenos naturales, lo que ha evitado al máximo la pérdida de vidas humanas mayores afectaciones a la economía.
De ahí que entonces la visión sea más optimista en cuanto a la espera de las necesarias lluvias, aunque es bueno recordar que los últimos huracanes que ha atravesado la ruta del Caribe cercana a nuestro país, no han sido en realidad pródigos en precipitaciones y sí violentos en la fuerza de los vientos.
En la temporada del dos mil cuatro basta recordar al Charley en el mes de agosto y al terrible Iván en septiembre, peligrosos por la intensidad de sus vientos, que sin embargo a penas dejaron agua en esta zona oriental.
Según los especialistas es difícil predecir si en esta ocasión aportarán lluvias pues depende de las condiciones en que se forme y desarrolle cada evento.
De todas formas ya estamos en temporada ciclónica y está por ver qué nos depara una etapa de año coincidente con el periodo lluvioso, que por lo general con sus tormentas y frecuentes aguaceros significa un aumento en la disponibilidad de agua en los embalses y cuencas hidrográficas y con ello un alivio a la dramática situación de carencia de agua que cada día agobia a la gran mayoría de los habitantes de la provincia de Las Tunas.
Naturaleza rebelde
Rosa Velázquez PérezLos aguaceros primaverales parecen estar llegando, a esta oriental ciudad cubana de Las Tunas cuando el domingo 15 de mayo durante casi diez minutos cayó sobre la urbe la ansiada lluvia, en medio de la alegría de la gente, sobre todo jóvenes que salieron a bañarse con el chubasco, una vieja costumbre para disfrutar del agua tibia que descargan la nubes sobre la tierra sedienta.
Es que la ansiedad por las lluvias aquí está directamente relacionada con la dramática reducción de las reservas en los embalses, ríos, arroyos y pozos lo que ha llevado a una drástica reducción del suministro por las redes del acueducto, sobre todo en las zonas más altas de la ciudad, debido a la falta de fuerza del bombeo desde las fuentes de abasto.
Actualmente unas 250 mil personas, poco menos de la mitad de sus habitantes, reciben con financiamiento estatal el agua trasladada en carros cisternas o pipas, lo que incluye escuelas, hospitales, centros de producción y la población que cada día se mantiene a la espera de la entrada a los barrios de las pipas, algunas de ellas improvisadas en camiones sobre los que se han colocado grandes depósitos.
Un reciente estimado indica que las pérdidas a la economía en la provincia de Las Tunas en esta etapa de sequía ascienden a unos 500 millones de pesos, sobre todo en los cultivos varios y la ganadería aunque también se incluyen otros sectores requeridos del agua para sus producciones.
Soluciones como la perforación de pozos en los sitios posibles ha resultado un alivio para muchas familias, luego de los análisis sobre la calidad y potabilidad de agua, lo que determina los diversos usos domésticos.
Las esperanzas están en lo que pueda caer entre los meses de junio a octubre, periodo lluvioso y de ocurrencia de ciclones tropicales que por lo general traen lluvias asociadas.
Mientras tanto los lugareños atisban cada día al cielo a la espera del favor de la naturaleza rebelde.
